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De Tapas

Monumento al Campesino (San Bartolomé)

Icono del Restaurante del Monumento al Campesino, San Bartolomé, Lanzarote

Nota: Existe espacio reservado para los no fumadores.

Plano de situación

El Monumento al Campesino es un tributo artístico de César Manrique al agricultor y ganadero lanzaroteños. En su edificio, una antigua casa canaria situada a los pies de la escultura manriqueña, existen dos tipos de servicios gastronómicos: el de restauración ocupa un amplio salón-comedor interior, cuyo trabajo en la carta, el ambiente y el servico es bastante correcto; y el de tapas que tiene como escenario la espectacular terraza que da la bienvenida a los curiosos turistas que visitan este centro turístico. Aquí nos ocupa el de tapas.

Terraza del Monumento al Campesino, de tapas en Lanzarote

Resulta una pequeña decepción el menú de platos en el servicio de tapas. Acierta la casa manteniendo a la vista y elaborados los productos del día. Da un toque diferente la selección in situ, aunque ello no justifica la ausencia de carta en el servicio. Es un pequeño matiz, pero, ciertamente, no entendemos que un cliente se quede prendado de la terraza, se siente a la mesa y se le obligue sí o sí a levantarse para elegir su comida. Sin embargo, lo más llamativo es que la dirección del centro no aprovecha del todo las potencialidades de este lugar: se debe incrementar la oferta de platos, que realmente es escasa y, sobre todo, apurar más el toque que se le da al pulpo, al atún y la paella.

Tapas variadas de la cocina tradicional lanzaroteña de Monumento al Campesino

Junto a los boquerones, las tradicionales papas arrugadas y el queso de la tierra componen la carta de tapas. En el piso inferior, esto es, en el restaurante del Monumento al Campesino, el picoteo disponible es mucho más amplio y mucho mejor elaborado. ¿Tanto cuesta diversificar y cualificar la oferta de esta estancia, por poner un único ejemplo, con la inclusión del queso de cabra con aguacate y tomate finamente preparado en el restaurante? Parece ser que sí, que cuesta y mucho; no obstante, el lugar bien merece ese esfuerzo. Los caldos que acompañan las tapas son básicamente de Lanzarote. El vino se sirve en unas jarras. El mismo modelo de jarra que hace 20 años. Los postres también son típicamente canarios donde sobresale el bienmesabe y la curiosa la combinación de la compota de calabaza con sorbete de limón, aunque éste último anula en exceso a la calabaza. El servicio es correcto.

Dentro o fuera de las dependencias de tapas, el lugar es una maravilla. Ambiente fresco en la terraza, donde apetece estar con la pareja o en familia conversando entre la destiladera y otros elementos de la decoración tradicional de la arquitectura canaria. Se aprecia el sello Manrique en la construcción, donde el blanco y el verde juegan un papel esencial. Música canaria variada con el volumen exacto. Palmeras, algún cactus y enredaderas componen la vegetación que rodea el edificio. Y a la vista, a la pausada vista, asoma el monumento a la fertilidad, un homenaje manriqueño a quienes doblaron el espinazo y apuraron el ingenio para sacar pan de donde, parecía, sólo podía crecer la aulaga, en la seca tierra de Lanzarote.

Para antes y después: Al mediodía o por la tarde noche cabe la posibilidad de darse un paseo por el espectáculo visual de La Geria y tomar una copa o un buen café en este estratégico espacio. En coche, también tenemos muy cerquita la misma posibilidad, en el pueblo de Nazaret, pero ahora dentro de un volcán.

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