Salmarina (Playa Quemada)
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Nota: Existe espacio reservado para los no fumadores.
Grato descubrimiento gastronómico en el pueblo pesquero de Playa Quemada. Un enclave encantador el de Salmarina. En primerísima línea de mar, la antigua casona se ha restaurado con buen gusto. Una decoración de corte tradicional con múltiples adornos de utensilios marinos potencia la acogedora atmósfera del restaurante. Salmarina aprovecha la cercanía de la bahía. El salón principal se abre a ésta obteniéndose una bella estampa de la guarecida costa de Playa Quemada. Hacia el exterior, una envidiable terraza, estrechita pero muy coqueta, nos acerca al mar. El envolvente sonido de las pequeñas olas cayendo sobre los callaos de la playa resulta el preludio perfecto para dar cuenta de una pieza fresca del litoral. Hay días enrevesados en Lanzarote. Sin embargo, Playa Quemada no se ve afectada. Tiene un microclima que ni siente ni padece las inclemencias meteorológicas de la isla. Es simplemente perfecto.

La cocina de Salmarina, comandada por un clásico de la restauración insular, Honorio, es sencilla, pero logra resaltar los sabores de los productos de primera calidad. El menú de entrantes es variado a base de quesos, croquetas, ibéricos, revueltos de salmón y setas con gambas, ensaladas, tostas de salmón y sopa de mariscos. Del mar tenemos lapas, puntillas y gambas. Entre éstos, sobresale el pulpo. Con pocos pulpos hemos tropezado tan sabrosos y tan fáciles de degustar. A la gallega o a la canaria, ésta última con mojo y papas acompañando al pulpo. Hoy (sábado, 12 de marzo) comprobamos que la apuesta por los mariscos insulares se extiende a otras latitudes. Percebes y almejas gallegas, así como gambas rojas de La Santa y clacas de la isla. Nos decantamos por unos exquisitos berberechos al vapor y una correcta tosta de salmón.

El pescado y el marisco son los protagonistas de los platos principales. Las piezas frescas de litoral, vieja, cherne, bocinegro, mero o sama, se preparan de manera muy simple. Nuestra elección, el cherne, resultó sublime. Suavísimo y sabroso. Salmarina prepara parrilladas, zarzuelas y, por encargo, caldos de pescado. Los langostinos y calamares a la plancha o los mejillones al vapor constituyen otras opciones de pescados o mariscos. La cocina destaca también por su buen papel con los arroces. La paella de pescado y marisco, de conejo y verdura, la fideguá y un arroz caldoso con bogavante. Hoy repetimos con el cherne y probamos una espectacular sama roquera acompañado de un buen mojo y un excelente gofio escaldado con cebolla.

En cuanto a las carnes la carta resulta escueta. Las sugerencias de la casa se centran en el cabrito y el cordero, el entrecot, la chuleta de cerdo, el conejo al estilo de Lanzarote y el solomillo a la plancha o en salsa. Ciertamente, el entorno condiciona la elección. Ese hilo musical con acordes folclóricos, la brisa marina, la decoración, la inmensidad de la costa sureste lanzaroteña nos hacen decantarnos por la paella y el cherne. No nos defraudan.
Los vinos de Lanzarote ocupan un lugar destacado en la carta de caldos, aunque la casa ha incorporado una significativa selección de vinos de La Rioja y Ribera del Duero con buena relación calidad-precio. El menú de postres es sencillo y limitado: fruta, mus, flan, tarta de queso y helados. Hoy probamos nuevas incorporaciones: Un sorprendente mus de higo, muy dulzón, y una tarta de queso más que correcta. Una de las características más sobresalientes de Salmarina es su atrayente sobremesa. Empieza a caer la tarde y Playa Quemada cobra unos colores especiales.
Para antes y después: Si le gusta el senderismo, la ruta Femés-Playa Quemada resulta perfecta para completarlo con un buen almuerzo en este restaurante. Después de la comida, Puerto Calero es un núcleo cercano tranquilito para un buen café o una copa. Si desea más movimiento, a unos 10 minutos de Playa Quemada localizamos Puerto del Carmen.








